Valiente hasta el final
- 5 may 2015
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El 10 de mayo es una fecha muy importante para tolos los mexicanos, ya que ese día se celebra a las mamás, pues resulta muy común que los hijos les regalen flores, chocolates, llevarles serenata o invitarlas a comer. Pero no todas las mamás pueden gozar de estos beneficios o de este tipo de apapachos, como es el caso de la señora María Esquivel Martínez, quien con lágrimas en los ojos recuerda su vida en el campo, el trabajo diario del cual dependía llevar dinero y comida a casa.

“Desde que mi esposo se accidentó yo me he hecho cargo de mis siete hijos, yo solo le doy gracias a Dios, porque gracias a él me va bien en el puesto de verduras”.
María Esquivel Martínez de 36 años, vive en una casa muy humilde, en la Palma, perteneciente al municipio de Acambay con sus 7 hijos y su esposo, rodeada de muchos árboles y de cultivos de maíz.
La Sra. María Esquivel, mejor conocida por sus amistades como “Doña Mari”, es una mujer que a pesar de solo haber concluido la primara, no se ha dado por vencida, ya que al ver la situación económica que estaba viviendo en ese tiempo en casa de sus padres, decide ponerse a trabajar en el cultivo del maíz y comenta que esos días fueron complicados porque el trabajo era de 10 de la mañana a las 7 de la noche y así poder ayudar a sus padres con lo poco que ganaba.
En sus tiempos libres Doña Mari aprendió de su madre a tejer carpetas, chambritas y a bordar servilletas, actividad que sigue realizando para poder llevar un poco más de dinero a casa, “esto de vender carpetas y servilletas bordadas no deja mucha ganancia, como la venta de verduras”.
Un día común para “Doña Mari” comienza desde las 5 de la mañana. Viaja a Atlacomulco para poder comprar su mercancía (verduras) y así armar su puesto a las 9 de la mañana y estar ahí hasta las 5 de la tarde. Su puesto se ubica sobre una banqueta frente del mercado Municipal de Acambay, lo cubre con una lona azul, que la protege de las lluvias y de los rayos del sol. Las verduras que ella compra las coloca en una mesa de madera “necesito vender mucho porque en realidad el puesto no es mío, me pagan dependiendo lo que venda”.
Doña Mari trabaja cinco horas al día toda la semana para obtener de ganancia 150 pesos, cantidad que debe de rendir para mantener a su esposo y siete hijos “con ese dinero tengo que comprar comida, darle unos centavos a mis hijos para la escuela. Tengo dos en la prepa, uno en la secundaria, dos en primaria y estos son los que más me preocupan, porque están chiquitos y a veces no tengo tiempo para atenderlos. Los dos más grandes andan en busca de trabajo, pero por lo mientras dependen de mí”.
Con lágrimas en los ojos menciona que su vida ha sido muy difícil, desde los 17 años ella se ha visto con la necesidad de trabajar en el campo y en la venta de quelites “es lo único que sé hacer”, dice Doña Mari, tiene que “ranchear” (ir de casa en casa vendiendo su producto), para obtener en determinado tiempo entre 3 y 10 pesos, dependiendo del lugar en el que venda.
Sin embargo, la escasa venta de verduras no es el único problema que Doña Mari, pues, tiene que enfrentar también la incapacidad de su esposo (como consecuencia de un accidente) y tener que mantener a toda una familia ella sola.
Con el paso del tiempo, Doña Mari se ha acostumbrado a sobrellevar las adversidades que le ha puesto Dios, como ella lo afirma, para ser un ejemplo de lucha y constancia para sus hijos.

El caso de Doña Mari, es uno entre miles de mujeres que se sacrifican y se acostumbran a malos tratos, hambre y discriminación, con la firme intención de sacar adelante a su familia “el 10 de mayo es una fecha común y corriente para mí, mis hijos siempre me dicen que lo más importante en ese día no es un regalo o dinero, sino el amor que sienten por mí, porque saben que daría la vida con tal de que estén bien”.
Por tal motivo recordemos apapachar a nuestras madres todos los días, no solo en le diez de mayo, que el amor que le damos a nuestras mamás no sea un amor material, los regalos van y vienen son solo cosas materiales; pero lo que se queda en los corazones es el amor sincero, el amor que lo puede todo y en esta ocasión lo podemos ver reflejado en los hijos de “Doña Mari”, ellos día a día le demuestran su amor con un beso en la mejilla a su mamá, con un te amo, un abrazo, son obsequios que se quedarán guardados en el corazón de nuestras mamás.























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